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Medios de vida basados ​​en los bosques que satisfacen las necesidades de las comunidades y de la próxima generación

Publicado: Noviembre 03, 2026

Fuente: PUCP

Un equipo de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) se propuso comprender cómo la política de conservación puede responder a la realidad cambiante de las familias cuyos medios de vida dependen de mantener en pie el bosque amazónico. En esta entrevista con el investigador principal, Mario R. Cepeda Cáceres, profundizamos sobre este trabajo innovador.

Coméntenos sobre el trabajo que emprendió con apoyo de la Fundación Tinker. ¿Qué se propuso lograr?

Nuestro equipo de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) trabajó con familias recolectoras de castaña en Madre de Dios, en la Amazonía peruana. Buscamos evaluar la sostenibilidad a largo plazo de esta actividad que depende del bosque: cómo permanecer viable entre generaciones a medida que los más jóvenes buscan trayectorias educativas y laborales cada vez más diversas, algunas de las cuales pueden ofrecer mayores ingresos en el corto plazo sin necesariamente brindar mayor estabilidad o sostenibilidad.

¿Por qué se concentraron en la castaña (Bertholletia excelsa)? ¿Por qué tiene una cadena de valor tan significativa para las comunidades forestales?

La castaña es uno de los productos forestales no madereros (PFNM) más importantes de la Amazonía peruana y constituye un ejemplo especialmente significativo de cómo los medios de vida vinculados al bosque pueden contribuir a su conservación: la recolección genera ingresos para las familias y, al mismo tiempo ella depende de que el bosque permanezca saludable. Sin embargo, sostener este modelo resulta cada vez más complejo. La recolección de castaña sigue siendo una actividad físicamente exigente, predominantemente manual y poco mecanizada, mientras que los ingresos están fuertemente expuestos a la estacionalidad, la variabilidad climática y las fluctuaciones de los precios de mercado.

Comenzamos nuestro trabajo con la Asociación de Castañeros de la Reserva Nacional Tambopata (ASCART), cuyos miembros cuentan con décadas de experiencia en la recolección y el manejo de la castaña dentro de la Reserva Nacional Tambopata. A través de un diagnóstico etnográfico, analizamos cómo se transmitían los conocimientos y las prácticas dentro de las familias, cómo y por qué las nuevas generaciones se relacionaban con la actividad de manera distinta a las de sus padres, y cómo las condiciones económicas, las relaciones de género y las regulaciones de conservación moldeaban su futuro. A medida que avanzaba el proyecto, se amplió y ahondó la colaboración mediante una alianza con el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), la autoridad nacional responsable de las áreas naturales protegidas. Esto nos permitió ampliar el trabajo más allá del grupo inicialmente vinculado a ASCART, involucrar a un conjunto más amplio de castañeros y conectar los hallazgos de nuestra investigación con actividades de formación y procesos de gestión de las áreas naturales protegidas.

Nuestro objetivo, por tanto, no era simplemente preservar o “transferir” los conocimientos tradicionales, sino comprender las condiciones socioeconómicas e institucionales necesarias para que las nuevas generaciones vean un futuro viable en la actividad castañera, y también queríamos comprender cómo las políticas de conservación pueden responder a la realidad cambiante de las familias cuyos medios de vida dependen del bosque amazónico y de que este se conserve en pie.

¿Cuál considera que sea el resultado y aprendizaje más importante?

Uno de los resultados más importantes del proyecto fue la capacidad para conectar la investigación con procesos concretos de gestión de las áreas naturales protegidas. La colaboración con el SERNANP permitió que los hallazgos del trabajo etnográfico contribuyeran a las discusiones en torno al Plan Maestro de la Reserva Nacional Tambopata, llevando las preocupaciones de las familias castañeras —en particular aquellas relacionadas con el relevo generacional y las condiciones necesarias para que la actividad siga siendo viable— a un proceso formal de planificación para la conservación. Igualmente importante, el proyecto contribuyó a fortalecer la relación entre castañeros, investigadores y gestores de las áreas naturales protegidas, generando un espacio en el que la evidencia etnográfica y la experiencia local contribuyeran a la toma de decisiones institucionales. Las actividades de formación que se desarrollaron posteriormente en torno a los bionegocios, la generación de valor agregado y la comercialización se basaron en ese diagnóstico participativo, en lugar de ser impuesta de una perspectiva externa. Respondieron a necesidades y posibilidades identificadas a través del trabajo de campo con los propios castañeros y pasaron a ser una forma de explorar cómo la actividad castañera podía hacerse económicamente más viable y atractiva para una nueva generación.

¿Cómo evolucionó su comprensión del “problema” que intentaba resolver?

El trabajo con las comunidades transformó la manera en que comprendimos el propio problema. El relevo generacional no puede explicarse simplemente como una cuestión en que los jóvenes están “perdiendo” los conocimientos tradicionales o que están dejando de interesarse por el bosque. Esos conocimientos siguen transmitiéndose dentro de la familia, pero los jóvenes toman decisiones en un entorno económico y social muy distinto al de sus padres. Un nivel de educación formal mayor, un trabajo físicamente exigente y poco mecanizado, ingresos inestables, la variabilidad climática, las fluctuaciones del mercado y la atracción de otras actividades —en ocasiones más rentables, pero también más precarias o ambientalmente perjudiciales— condicionan esas decisiones. Esto nos llevó a comprender que el futuro de la actividad castañera, y del modelo de conservación asociado a ella, no depende únicamente de transmitir conocimientos, sino de crear las condiciones socioeconómicas e institucionales para que esos conocimientos puedan seguir poniéndose en práctica. En términos más amplios, el caso de la castaña remite a un desafío que atraviesa toda la Amazonía: las estrategias de conservación basadas en el aprovechamiento sostenible de productos forestales no maderables solo pueden sostenerse si los medios de vida de los que dependen también pueden adaptarse y seguir siendo viables frente a condiciones sociales, económicas y ambientales cambiantes.

Se depararon con desafíos operativos bastante notables durante el proyecto, ¿cómo se adaptaron?

El proyecto comenzó en el contexto de una profunda crisis política en el Perú que comenzó a fines de 2022, que llevó a extensos períodos de protestas, estados de emergencia y de restricción de movimiento en el Perú. Para un proyecto que requería desplazamientos sostenidos hacia y dentro de Madre de Dios, estas condiciones hicieron que al inicio el trabajo de campo fuera extremamente difícil y nos obligó a postergar gran parte de lo que se había previsto para las primeras etapas. Pero las consecuencias fueron mucho más allá de nuestra propia posibilidad de circulación. Los bloqueos y las interrupciones de las rutas de transporte afectaron directamente el bienestar de las familias castañeras, aislando Puerto Maldonado por momentos y dificultando el movimiento de trabajadores, bienes y producción, así como las cadenas de comercialización y exportación. Esto generó una fuerte presión económica sobre una actividad que ya se caracteriza por ingresos estacionales e inestables, y algunos de esos efectos siguieron sintiéndose durante los años posteriores a los que se llevó a cabo el proyecto. Por ello, tuvimos que comprender la crisis política no simplemente como un obstáculo logístico externo, sino como parte del contexto social y económico cambiante en el que los propios castañeros estaban tomando decisiones sobre sus medios de vida.

También enfrentamos plazos institucionales y administrativos más lentos y propios de una colaboración con una universidad, una entidad pública responsable de las áreas naturales protegidas y con organizaciones locales. En lugar de intentar mantener el cronograma original a cualquier costo, reorganizamos la secuencia de actividades: mientras las condiciones de desplazamiento se veían restringidas, nos concentramos en el trabajo de preparación, revisión documental, coordinación y diseño de la investigación, y retomamos el trabajo de campo de forma intensiva cuando las condiciones lo permitieron. La flexibilidad, comprensión y acompañamiento de la Fundación Tinker fueron vitales para que esta adaptación fuera posible. La Fundación mantuvo un interés sostenido en la evolución del proyecto y nos brindó la flexibilidad necesaria para extender los plazos y ajustar las actividades sin comprometer los objetivos centrales. A medida que el proyecto avanzaba hacia sus etapas de formación y articulación institucional, priorizamos de manera similar la profundidad sobre la escala y basamos la formación en las necesidades identificadas a través del diagnóstico etnográfico.

Al mismo tiempo, de las propias demoras surgió una oportunidad imprevista inicialmente: las etapas posteriores del proyecto coincidieron con el proceso participativo impulsado por el SERNANP para elaborar el nuevo Plan Maestro de la Reserva Nacional Tambopata, lo que nos permitió conectar la evidencia construida progresivamente a través del trabajo de campo con un proceso de política pública que se encontraba en marcha.

Una de las principales lecciones operativas fue, por tanto, que adaptarse no significa reducir las ambiciones del proyecto, sino proteger sus objetivos centrales estando dispuestos a modificar la secuencia, los plazos y el formato de las actividades, y reconocer cuándo las circunstancias difíciles pueden también dar lugar a oportunidades inesperadas para que la investigación contribuya a la práctica de la conservación.

¿Cuáles fueron los aprendizajes generales más relevantes que surgieron de este trabajo? ¿Qué lecciones se pueden extraer para otros que trabajen en pro de la conservación con comunidades locales?

Uno de los aprendizajes más amplios de este trabajo es que las alianzas para la conservación deben ir más allá de meramente consultar a las comunidades locales sobre políticas o intervenciones diseñadas desde fuera. Los conocimientos y las experiencias locales deben contribuir a definir las preguntas que se formulen, las actividades que se desarrollen y, cuando sea posible, los propios instrumentos institucionales mediante los cuales se gestiona la conservación. En nuestro caso, el trabajo etnográfico con los castañeros no se limitó sencillamente a documentar sus perspectivas: permitió identificar prioridades para las actividades de formación y generó una base para llevar esas preocupaciones al diálogo con el SERNANP y a la gestión de la Reserva Nacional Tambopata. Esto requiere tiempo, confianza y flexibilidad institucional, pero puede contribuir a formas de conservación que se anclan mejor en la realidad de quienes viven del bosque y contribuyen a cuidarlo.

Un segundo aprendizaje es que la conservación basada en el aprovechamiento sostenible de los recursos del bosque no puede separarse de la viabilidad económica y social de los medios de vida que la sostienen. Los productos forestales no maderables, como la castaña, pueden generar una articulación muy poderosa entre la generación de ingresos y el mantener el bosque en pie, pero esa relación no debe darse por sentada. Depende de condiciones laborales cambiantes, los mercados, el clima, la regulación, las aspiraciones generacionales y la disponibilidad de medios de vida alternativos. Para otros que trabajen en conservación, esto significa preguntarse no solo cómo las comunidades pueden adaptarse a los objetivos de conservación, sino también cómo las instituciones y las políticas de conservación deben adaptarse a las realidades cambiantes de las comunidades.

También hemos comenzado a compartir estos resultados mediante presentaciones en congresos académicos y de conservación, y actualmente estamos culminando un documento de trabajo de la PUCP que reúne los principales resultados del proyecto. Al mismo tiempo, el proyecto ha abierto una nueva agenda de investigación en torno a interrogantes que requieren mayor exploración ecológica, entre ellas la salud y el papel de los polinizadores en la sostenibilidad de la producción de castaña. En ese sentido, el trabajo no solo ha generado resultados y aprendizajes para la política de conservación, sino también un nuevo grupo de preguntas sobre cómo los cambios socioeconómicos y ecológicos interactúan en la configuración del futuro de la conservación en la Amazonía.

Fuente: Alvaro M. Castro Mayo
Leyenda: Reunión con la Asociación de Castañeros de la Reserva Nacional Tambopata (ASCART), cuyos miembros cuentan con décadas de experiencia en la recolección y el manejo de la castaña dentro de la Reserva Nacional Tambopata.